lunes, 18 de abril de 2011

Ushuaia, fin del mundo o no?

Hace ya casi una semana que pasé por Ushuaia pero hasta ahora no he encontrado el momento de ponerme a escribir, supongo que no me tendréis en cuenta la demora, ahora otra vez desde El Calafate y en el Borges y Álvarez y una copa intentaré poneros al día.
Llegué a Ushuaia desde el Calafate en un largo viaje de bus, no largo por distancia sino por atravesar fronteras, Tierra de Fuego está dividida entre Chile y Argentina de una forma un tanto extraña y para llegar a Ushuaia debes salir de Argentina, entrar en Chile, cruzar el estrecho de Magallanes, salir de Chile y volver a entrar Argentina, así que acabas con el pasaporte lleno de sellos y el viaje se alarga 2 o 3 horas y al final llegas a Ushuaia después de haberte pasado toda la noche y el día en un bus, salí a las 3 de la mañana de el Calafate y encima con un primer imprevisto, perdí la targeta en un cajero y estuve a punto de bajarme del bus pero al final decidí seguir mi camino y anular la targeta, ahora espero recibir una nueva en Mendoza.
Ushuaia se presenta como la ciudad del fin del mundo, la más austral, donde acaba o empieza el continente y la verdad es que si que tienes la sensación de estar mmmuy lejos y la proximidad de la Antartida se nota en la temperatura y el clima, aunque todavía era soportable. La ciudad está situada a orillas del Canal Beagle, el famoso canal que lleva el mismo nombre del barco en que navego Charles Darwin y el capitán Fitz Roy, yo también navegué por ahí en una excursión que te llevaba a ver el faro, unas islas con colonias de lobos marinos y cormoranes imperiales y una parada en una isla para conocer la flora y unos yacimientos de los indios Yamana, unos indios que iban desnudos con el frío que hace, comían mejillones y se untaban el cuerpo con grasa de lobo marino, los pobres se extinguieron por culpa de las enfermedades del hombre blanco... un clásico. La excursión estuvo muy bien, y me gusto volver a ver lobos marinos, parecía que estaban más a gusto que en Península Valdés y los ví nadar... supongo que les gusta más el frío, por unas horas me sentí un poco Darwin.
La otra salida que hice fue ir a visitar el Parque Nacional de Tierra de Fuego en compañía de un francés y una brasileña. La verdad es que me lo imaginaba mucho más árido y seco pero resulto ser un parque lleno de bosques, lagos y bahías, bonita caminata por la bahía Lapataiha y acabas donde finliza la ruta panamericana. Lo único que me faltó fue volver a ver pingüinos, tuve la oportunidad pero la excursión era muy cara, en general Ushuaia es cara y aparte no me aseguraban que pudiera ver otras especies aparte del Magallánico, así que preferí ahorrármela, aunque luego descubrí que si que había otras especies, incluso hay gente que vio un imperial! Para ver pingüinos mejor otra época o pagarse un carísimo viaje a la Antártida.
La ciudad no está mal, pero siguiendo la norma argentina parece que sirve solo de lanzadera para visitar los diferentes atractivos que tiene alrededor, igualmente me gustaría recomendar un lugar que es un bar-almacén centenario, una especie de posada antigua que tiene mucho encanto, ideal para ir a tomar una copa de vino o una sopa de cebolla para entrar en calor, se llama Ramos Generales, el Almacén y esta delante del puerto. También se puede visitar la cárcel de Ushuaia, una prisión histórica argentina que fue el origen de la ciudad y ahora ya no está en funcionamiento pero se puede visitar.
En definitiva, me gusto estar ahí, en esa punta del mundo, en mi viaje ha sido un punto simbólico y supongo que si que debe ser un poco el fin del mundo pero al otro lado de canal se encuentra Puerto Willians, Chile, quizás sea eso el fin del mundo.

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