- Escrito el 21 de abril, Chaitén, Chile-
Salí de el Calafate otra vez a las 3 de la mañana, volví a pasar por Río Gallegos, Comodoro, Esquel, Trevelín, 28 horas y 4 cambios de bus, 3 pelis y una sesión de vídeos ochentosos de baladas en inglés, no está mal, no? Aun así no se me hizo tan pesado como me había imaginado. Los buses aquí son bastante cómodos pero las carreteras en el sur son un desastre, muchas sin asfaltar o de ripio como les llaman aquí y si tuvieran la famosa ruta 40 (que va por la cordillera) en condiciones hubiera tardado bastante menos pero por lo visto solo funciona en temporada alta y ahora aquí es ya temporada baja con todo lo que comporta, precios, lluvia y frío. Espero acabar tomando la ruta 40 en el norte, por el sur todavía no lo he conseguido, es la mítica ruta argentina, a lo que a estados unidos es la 666 y en Europa... que yo sepa no tenemos ninguna carretera mítica.
Bueno... mi idea era llegar a Chile a dedo para poder pasar por el último tramo de la Ruta Austral que es la mítica ruta del sur de Chile (algún día la haré). Así que me bajo de mi último bus y me dirijo a la última gasolinera argentina en dirección de la frontera, compro un cartón de tabaco, un alfajor, una botella de agua y me informo donde es el mejor sitio para que me lleven hasta Chile, en el cruce a un par de kilómetros me dice el encargado, así que me cargo la mochila y empiezo a caminar hacia Chile y al cabo de menos de un kilómetro empiezo a sacar el dedo, el segundo coche me para. Para mi sorpresa es un coche de la aduana argentina, perfecto! El hombre muy amable, y parece que yo también le he caído bien, luego me confiesa que no pensaba cogerme porque a veces ha tenido malas experiencias y porque no me cubre el seguro de la aduana, así que supongo que he tenido suerte. Me lleva hasta la frontera y antes paramos en una cabañita donde pernoctan los trabajadores de la aduana a dejar provisiones. Vuelvo a pasar del paisaje de la estepa al de la cordillera, más angosto y a poco a poco nos adentramos en la cordillera que ya desde lejos se entreve con mal tiempo pero cada vez más verde (más tarde descubro que es porque no para de llover). Hablamos de su trabajo, de los "paseros" que son contrabandistas de la zona y del sitio al que me dirijo Chaitén del que luego daré más detalles. En la frontera me sellan sin problemas y sin darme cuenta me despido del funcionario diciéndole “buen viaje”, debe haber pensado que estoy loco, la verdad es que se me fue un poco... Mientras espero leo un cartel que me llama la atención que dice “LA TIERRA NO LA HEREDAMOS DE NUESTROS PADRES, LA TOMAMOS PRESTADA DE NUESTROS HIJOS”, que gran verdad. Me espero 40 minutos mientras voy preguntando a la gente que sale si me llevan a Chile y nada, sigo leyendo a Darwin, al final Eduardo(el que me ha traído hasta la frontera) me lo arregla con un tipo y su mujer y encima me invita a unas pastas! Así que bien. Me meto en la camioneta pick-up (aquí todas son así y me encantaría tener una), le pongo el chubasquero a la mochila porque va a viajar bajo la lluvia y para Chile con esta pareja de argentinos, charlamos, me invitan a mate mientras esperamos en la frontera chilena y vamos cruzando la cordillera, el paisaje cada vez más increíble a ratos diría que casi tropical. Circulamos por una carretera de ripio(ya sabéis lo que es) y a medio camino deciden parar para saludar a unos amigos, yo me espero fuera porque tampoco no me invitan a entrar, resguardándome de la lluvia en una especie de cobertizo acompañado de un perro mojado con cara de pena, me pregunto quien está peor ¿el o yo?, al final me meto en el coche y mientras leo las aventuras de Darwin me vienen a buscar, por lo visto han decidido quedarse a comer, me invitan a pasar, me invitarán a comer?? En la cabañita vive una pareja de chilenos, es toda de madera como la mayoría de casa chilenas que he visto, tienen las paredes forradas con una especies de plaquitas de madera a veces pintadas de color o al natural, sencilla pero acogedora, con huerto y gallinas, la mujer está amasando el pan y el hombre parece que es gendarme, charlamos, son las dos parejas argentinas con las que venia, la chilena y luego aparece un chico negro(se ven pocos por aquí), resulta ser un guia de rafting porque la zona es famosa por su práctica por lo visto. Finalmente comemos todos juntos menos la pareja chilena que por lo visto ha desayunado demasiado, pollo, algo de vaca, una ensalada de lechuga acabada de cortar del huerto y sin bebida, eso me extraña pero nadie se queja... yo tampoco. Al final me sale la comida gratis, y por primera vez veo a argentinos y chilenos compartiendo mesa, charla y risas, debería ser así. En todo caso, muy agradecido.
Seguimos el camino, desde la frontera a Chaitén hay algo más de 160 km pero por pista tardamos unas cuantas horas. El paisaje me impresiona, sigue lloviendo y hay un montón de cascadas precipitándose de los cerros, que son muy pronunciados con las cumbres redondeadas, la vegetación muy frondosa con algunos helechos gigantes y como he dicho antes con un toque tropical, vamos siguiendo el curso del río Futaleufú (donde se hacen los raftingsChaitén, ellos se van a unas termas, las Termas del Amarillo, los hubiera acompañado pero prefería llegar al pueblo y buscar un sitio para dormir, intentaré ir mañana. Estoy a 15 Km de Chaitén y sigue lloviendo, por suerte puedo esperar en una parada de bus, a los 20 minutos me para un tipo gordo que cree que en España la moneda es el real brasileño... mal pero me lleva a un hospedaje.
Estoy en Chaitén, un pequeño pueblo bordeado con dos volcanes y con salida al mar. En el 2008 hubo una gran erupción del volcán Chaitén, el pueblo quedo cubierto de una capa de ceniza de más de 2 metros, quedo destruido, despoblado, sin luz, ni agua y de todo esto me enteré hace dos días!!! por suerte está reconstruyéndose y mucha gente está volviendo y ya hay luz y agua, no se porque pero quería pasar por aquí, mi idea era cruzar a la isla Chiloé desde aquí para ver unas iglesias de madera pero al final va a ser que no porque el ferry sale el martes y no puedo esperar tanto, supongo que iré desde Puerto Montt. En el pueblo todavía hay bastantes restos del desastre, montones de ceniza aquí y allá, hoy solo he visto un coche sepultado en ceniza pero mañana espero tener buen día para ir a hacer fotos, parece interesante. A parte del atractivo del desastre el pueblo en si es bastante desastre, después de llegar empapado y querer cenar algo caliente (en el hospedaje apenas he podido tomar un café caliente), solo he encontrado un triste comedor donde he comido un plato de salmón empanado con papas y tomate mientras veía un culebrón rollo “Los ricos también lloran” en un televisor mal sintonizado. Al final he preferido comprarme una botellita de Pisco Capel y venirme a mi mini habitación a escribir esta crónica que quería compartir con vosotros, espero no se os halla hecho pesada y que os guste.
Sigue lloviendo y sigo escuchando lo que se está convirtiendo en la banda sonora de mi viaje, el disco “Blinking lights and other revelations” de Eels. La música me hace mucha compañía y es curioso como cambia la percepción de las cosas.
En definitiva, ha sido un día duro pero bonito y estoy contento, sigo avanzando hacia el norte.


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