martes, 19 de julio de 2011

Salvador de Bahía, el Brasil más negro.

Llegamos a Salvador buscando el calor del norte y lo encontramos, a partir de ahora ya no habrá tanto cambio con el hemisferio norte, aquí también estamos en la playa.
Salvador, la primera capital de Brasil, por donde entraron todos los esclavos que trajeron de África y donde se quedó la mayor comunidad negra de Brasil y ahí sigue. En Salvador he tenido la impresión de tener el primer contacto con un Brasil más real, en Salvador se percibe otro tipo de energía, la blanca y la negra, la buena y la mala, la mala no en el sentido negativo, porque aun viendo la miseria se puede llegar a encontrar cierta alegría y ganas de vivir en los rostros más castigados. No puedo decir que haya visto Salvador a pleno, porque como buena gran ciudad Brasileña, no es pequeña, solo he estado en el barrio de Barra (en la zona de la playa) y luego unas noches en la ciudad vieja, el Pelourinho, donde ya se percibe mejor la esencia de la ciudad, mucha historia, dicen que tienen 365 iglesias una por cada día del año y los periódicos también dicen que tienen un asesinato cada 4 horas (en Salvador y área metropolitana), 1000 en 6 meses, ahora que ya he salido de ahí lo puedo contar (no quería que nadie se preocupara..), la verdad es que a nosotros no nos pasó nada, y la zona estaba bien vigilada, aquí la policía lleva más de una pistola y chaleco antibalas, será por algo, se debe ir con cuidado en Salvador, la gente te observa y te vigila, más de uno nos dijo que nos vigilaba para que no nos pasara nada pero nunca sabes hasta que punto puede cambiar de la protección al delito. Bueno en todo caso conocimos buena gente y el ambiente aunque intenso, era interesante.
Otra cosa que me gusto de Salvador es que fuimos a una ceremonia de Candomble a un terreiro (las casas donde se celebran), el Candomble es una ceremonia donde a través del canto y del baile se da culto a los Orishas, los dioses de tradición africana que los esclavos integraron el sociedad brasileña, bueno es algo propio del norte y centro de sudamerica, en Cuba y Haití también se celebra, aunque en cada zona tiene sus peculiaridades. Creo que tuvimos suerte y que la ceremonia no fue una turistada, ya que reconocí gente que había visto por el centro y parecía todo bastante auténtico, podría asegurar que el trance en que se encontraban algunos de los que bailaban era totalmente real.

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