miércoles, 18 de mayo de 2011

Valparaiso, como si la vida fuera a durar para siempre (post sobreactuado)

Después de dos meses de viaje por la Patagonia llegué a Valparaiso, una ciudad que sin saber muy bien, tenía especial ganas de conocer y por alguna razón me atraía sin conocerla. La verdad es que no me ha decepcionado y ha sido el primer lugar donde he sentido que  podría ser un lugar donde vivir y eso no pasa muy a menudo, quizás sea por ser una ciudad de puerto, por su gente, por haberme sentido muy bien acogido, por tener un aire bohemio o por recordarme a alguna ciudad europea en la que no viví hace años atrás.
Es una ciudad para pasearte, pasearte por el puerto con sus marinos, borrachos, plazas y bares, pasearte por los cerros viendo la gente en su día a día, subiendo y bajando por las escaleras interminables y ascensores, pasearte por la galería de arte que te da la calle, caminar la noche y vivir el Valpo más noctámbulo con sus actuaciones en directo en cada bar, visitar los mercados y las ferias, comprar unas paltas, fruta o algo de marisco, cruzar la ciudad en un trolebus desde la aduana a Avenida Argentina y pasearte por la poesía de Neruda o Mistral.
Lugares hay muchos y me dejo muchos, en el puerto la plaza Echauren, el bar más antiguo, el Liberty, los alrrededores del mercado, cerrado ahora después del terremoto del 2010, la plaza Sotomayor, el bar La Playa y el muelle, siguiendo por la calle Prat tomar el ascensor que sube al Cerro Concepción, más turístico pero con sus rincones y tranquilo, tomar un chocolate caliente en el Café Color y bajar por Cerro Alegre por las escaleras que te llevan a la plaza Anibal Pinto, donde por la noche tienes muchos locales para tomar un trago y escuchar música en directo. Pasar por Avenida Brasil hasta la la Plaza Victoria, subir por la calle Ferrari hasta la bella casa del poeta Neruda, la Sebastiana, luego bajar y llegar a la Avenida Argentina donde seguramente te cruces con una feria o mercado tipo rastro de cacharros varios. Y bajando por ella puedes ir al antiguo muelle a ver como los lobos marinos pasan el día intentando subir a los restos del muelle, mientras los cormoranes y pelícanos cagan sobre ellos con la ciudad de fondo y el inmenso Pacífico de marco.
Aquí he tenido la oportunidad de conocer a más chilenos y por lo tanto conocer mejor su realidad que no deja de ser bastante especial. Un país que a menudo le sacude algún terremoto o volcán y no hace demasiado sacudida por un régimen dictatorial todavía presente y del que todavía siguen pagando las consecuencias los que menos lo merecen, el pueblo chileno, que está más unido que siempre pero que parece esperar a un cambio generacional para que pueda entrar en otra etapa de libertad plena. La policía o pacos, son represivos y muchos se han formado con el régimen, el gobierno actual de derechas le interesa más situar al país en primera fila del capitalismo sudamericano que encontrar un camino más propio de este pueblo con raíces profundas y ligado a su tierra. El activismo político es muy presente entre los jóvenes y eso denota ganas de cambiar las cosas.
De aquí todavía no se donde voy a ir, quizás pruebo de ir a Isla de Pascua en barco si las fechas me lo permiten o subo hacia el norte árido de San Pedro de Atacama y así sigo con mis planes originales, pero aunque no me vaya a quedar para siempre aquí, la ciudad porteña ya se ha ganado mi cariño y mi recuerdo y quien sabe... puede ser un buen sitio para vivir tu vida y apagar la tele.







1 comentario:

admiradora dijo...

Es bueno pensar en el lo efímero de las cosas, quizás así podremos llegar a un punto agradable y alcanzar la anhelada estabilidad emocional.